¿Por qué nos reímos de las desgracias ajenas?

Resulta casi inevitable. Alguien sufre un tropezón en la calle. O se equivoca hablando en público. O se derrama el café por encima. Y nosotros nos reímos. Es casi como un acto reflejo, que después nos hace sentirnos malas personas. ¿Por qué nos reímos de las desgracias ajenas?

por que nos reimos

Si nos preguntan, lo negaremos. Pero en nuestro fuero interno sabemos que nos regodeamos cuando a alguien le sale algo mal. ¿Significa esto que somos malas personas? No exactamente. Sentir cierta satisfacción ante los infortunios de los demás es mucho más común de lo que crees.

Por un lado están los ataques de risa que no podemos reprimir cuando vemos a alguien sufrir algún percance o accidente, siempre que no sea grave. Es por eso por lo que funcionan programas televisivos tipo zapping, donde salen los mejores gazapos y vídeos de accidentes caseros. O por lo que somos capaces de ver algunos GIF en bucle, riéndonos sin parar.

Como éste:

Luego están esos casos en que secretamente nos alegramos de que a amigos, por ejemplo, algo les vaya mal. ¿Alguna vez te has sentido secretamente satisfecho cuando un amigo ha engordado? ¿O cuando a un compañero de trabajo le cae una bronca del jefe? ¿O cuando ese matrimonio que parecía perfecto se separa?

Schadenfreude es la palabra alemana que se utiliza para explicar por qué nos reímos de las desgracias ajenas. El término está compuesto por las palabras schaden (desgracia) y freude (alegría).

Sirve para describir un sentimiento que en el fondo padecemos todos. Reírse del mal ajeno es una emoción universal, que según los estudios psicológicos afecta incluso a los niños. Cuando tienen apenas 2 años, los más pequeños ya son capaces de sentir una especie de satisfacción secreta al ver fracasar a sus compañeros.

El schadenfreude tiene unas características específicas. La primera de ellas es que se trata casi siempre de un sentimiento secreto, que no compartimos con los demás. Solemos quedárnoslo para nosotros mismos porque nos provoca un placer culpable. Sabemos que está mal, así que no decimos nada a nadie para que no nos tilden de ser malas personas.

¿Por qué nos reímos de las desgracias ajenas? Fundamentalmente, porque los fallos o fracasos de los demás los colocan con respecto a nosotros en una posición de inferioridad. Nos regodeamos en el mal ajeno porque nos hace sentirnos superiores aunque sea solo por un momento.

Por eso, solemos experimentar ese sentimiento hacia personas con las que tenemos algún tipo de rencilla, o por las que sentimos envidia. Un ejemplo: cuando vemos una foto horrible de una famosa a la que admiramos en la que se le ve algún defecto. El shadenfreude es, en ese momento, nuestra pequeña venganza.

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